
Hay ciertos perfumes cuya historia dura poco tiempo sin que por ello sean menos intensos. Otros, en cambio, parecen haber nacido para marcar para siempre la historia de la perfumería. Los años se deslizan entonces sobre ellos sin dejar nunca huella y conservan con el paso del tiempo su elegancia atemporal.
Trésor de Lancôme es un perfume de culto de la perfumería para mujer, que vio la luz en 1990. Símbolo de amor y emoción, despliega en su aliento perfumado notas florales, afrutadas, empolvadas o ambaradas. Así, cambia sucesivamente de registro, al mismo tiempo que pone en valor el aroma natural de la rosa, ingrediente estrella de la casa Lancôme. Concebido para hacer a la mujer más radiante, este perfume precioso deja flotar en el aire un aliento rico en emociones. Pero ¿qué hay de su frasco?
La historia de un perfume histórico de la casa Lancôme
Para comprender mejor la imagen de este frasco y la historia del perfume Trésor de Lancôme, conviene volver a sumergirse en los archivos de Lancôme. En efecto, a finales de los años ochenta, Lancôme expresaba el deseo de recuperar el honor de su prestigioso pasado de gran creador de perfumes. Cabe recordar que Lancôme existe desde 1935 y se presenta como una de las marcas de perfumería francesa más antiguas. Reconectando con la tradición, Lancôme decidió sumergirse en sus archivos y rescatar uno de sus perfumes más hermosos: Trésor. Inicialmente, este perfume se creó en 1952. La versión que conocemos hoy es una reinterpretación moderna de su aroma a rosa, acompañada de una nueva imagen, cuyos elementos se inspiran en parte en sus predecesores.
El primer frasco de Trésor, en 1952
Para encerrar toda la riqueza de su perfume, la casa Lancôme decidió, en 1952, diseñar un frasco de perfume excepcional, dotado de un refinamiento inédito, pero muy difícil de producir. En este caso, el frasco de Trésor de Lancôme estaba esculpido como un diamante y poseía 75 facetas, pulidas a mano. Dos caras desiguales venían también a perfeccionar el conjunto: una plana y la otra con forma de pirámide. Totalmente transparente, este frasco captaba la luz y la devolvía en matices ambarados. El conjunto era semejante a una joya centelleante, presentada en un estuche de color púrpura. Cabe señalar que este frasco original fue recuperado por Lancôme en 1997, para celebrar las fiestas de fin de año.
El nuevo frasco de Trésor de Lancôme
Inspirándose siempre en esta imagen histórica, Lancôme decidió, para su perfume de 1990, simplificar la fabricación de su frasco. Evocando siempre un diamante, su frasco adopta ahora una silueta más piramidal. Más concretamente, se trata de un triángulo cuyos ángulos se han redondeado. Exactamente como su predecesor, posee un cristal totalmente transparente, que juega con la luz para revelar todo el calor de un perfume carnal y ambarado. Igual que el anterior Trésor, este es una joya que se querría cuidar. Su forma tiene la ventaja de acomodarse de forma natural en el hueco de la mano. Su base está sublimada por un matiz negro, también presente en su cuello. El conjunto está coronado por un rombo de cristal transparente. Cabe señalar también que su color rosa-melocotón recuerda al de la piel femenina. El mensaje es claro: Trésor de Lancôme solo espera posarse sobre la piel para desplegar todas sus riquezas.