
Compuesto por Jean Guichard, Eden sale a la venta en Cacharel en 1994. Veintitrés materias atestiguadas conviven en él, desde la bergamota hasta el haba tonka, desde el nenúfar hasta el pachulí, y esta abundancia constituye el tema del perfume tanto como su reproche. El efecto acuático debe menos a las flores de agua que a la Calone, producto de síntesis emblemático de los años noventa. Su frasco de ópalo jade, veteado, nunca se repite del todo.
Seis fuentes independientes describen Eden, y veintitrés materias están atestiguadas en al menos dos de ellas. Una nota filtrada de una casa de composición, dos reseñas firmadas, la marca, una base de fabricante y una enciclopedia comunitaria.
Veintitrés materias, siete en la salida
La salida reúne bergamota, limón, mandarina y melocotón, una nota verde, azahar y estragón. Esta última materia, herbácea y anisada, explica el efecto plástico y desconcertante que casi todos los testimonios señalan.
El corazón cuenta con diez. Nenúfar y loto proporcionan la flor de agua, nardo, jazmín, lirio de los valles y rosa la amplitud floral, mimosa y violeta la parte empolvada, melón y piña la vertiente afrutada.
El fondo conserva seis: pachulí, sándalo y cedro para la estructura amaderada, vainilla, almizcle y haba tonka para el dulzor que asciende con las horas. El pachulí es la materia que cinco de las seis fuentes recogen.
La Calone, o lo que el melón no es
Las frutas de Eden no provienen de las frutas. Una reseña firmada señala que el melón y la piña no huelen realmente a ninguno de los dos: la sensación acuática proviene de la Calone, molécula marina que se generalizó en aquellos años.
Esta molécula entra en uso masivo desde 1988 en Aramis, y marca la perfumería de los años noventa. Explica por qué las flores de agua de Eden parecen a muchos irreales, y por qué el perfume envejece como objeto fechado más que como clásico.
El acorde se sostiene, pues, sobre un sintético plenamente asumido. Una reseña ve en él un pantano más que un jardín, otra una jungla bajo plástico, y esta artificialidad reivindicada sigue siendo el rasgo que distingue a Eden de sus contemporáneos.
En qué discrepan las fuentes
Persisten dos desacuerdos de nivel. El nenúfar y el loto se sitúan en la salida según dos fuentes, en posición central según otras dos. El azahar sube a la salida en tres, y cae al fondo en una.
Siete materias quedan fuera por falta de un segundo testimonio: ylang-ylang, iris, musgo de roble, ámbar, robinia y vetiver, cada una respaldada por una sola fuente. La flor de junco, citada durante mucho tiempo por los comerciantes, no figura en ninguna fuente admitida y se descarta.
Jean Guichard, la mano detrás de Eden
Nacido en Grasse, Jean Guichard entra en la perfumería en Roure Bertrand Dupont, pasa por varias casas de composición y se incorpora a Givaudan. Recibe el premio François Coty en 2000. Cultiva sus propios campos de jazmín y de rosas de mayo.
Se le deben Loulou para Cacharel, Obsession para Calvin Klein y el Concentré d'Orange Verte para Hermès. Dirigió la escuela de perfumería Givaudan, fundada en 1946 por Jean Carles bajo el nombre Roure; su dirección recae hoy en Calice Becker.
Circula una atribución que no se sostiene: L'Interdit de Givenchy, de 1957, es obra de Francis Fabron según cinco fuentes concordantes, y queda por tanto descartada de su bibliografía. Su hijo Aurélien Guichard es también perfumista.