
Berry Licorice (2026) es la tercera de las eaux de toilette Starlicious de Mugler, y la única de las tres que opone una amargura a su dulzor. Fresa y frambuesa abren en un registro de caramelo rojo, la fresia aclara el paso, el regaliz cierra con una nota anisada que corta la confitería. Un afrutado gourmand de trazo simple, cuyo interés reside en este contraste más que en una acumulación de materias dulces.
Lo que la etiqueta llama rose ketones hace, para el acorde de bayas, más trabajo que la fresa y la frambuesa juntas. Estas moléculas se aislaron de la esencia de rosa hace unos cincuenta años, y su potencia es tal que se dosifican en trazas: a esa escala ya no huelen a rosa en absoluto, sino a mermelada de frutos rojos, a ciruela pasa, a tabaco rubio. Es la herramienta habitual para dar volumen a un fruto rojo, y es lo que permite a una eau tan ligera proyectar un acorde tan nítido.
La fresia, por su parte, pertenece a esas flores de las que no se extrae nada. Ni la destilación ni la extracción dan de ella nada aprovechable, y lo que se respira bajo ese nombre sale enteramente del laboratorio. La etiqueta incluye salicilato de bencilo, materia que se emplea precisamente para insinuar flor sin darle carácter. La elección se defiende: entre una fruta muy dulce y un fondo amargo, hace falta un peldaño, y una flor sin identidad fuerte es lo que hace de juntura sin tomar partido.
Una materia figura en la etiqueta sin figurar en la pirámide: el aceite de pachulí. Mugler no la menciona en ningún lugar para este perfume, mientras que la hermana de pistacho sí la anuncia. Su presencia no tiene nada de sorprendente, siendo el pachulí el anclaje clásico bajo un gourmand, pero recuerda que una pirámide comercial nombra cuatro materias donde una fórmula cuenta varias decenas. Dos formas de describir el mismo líquido, ninguna de las dos miente.
La amargura, por lo demás, no procede solo del regaliz. La lista incluye también una esencia de cáscara de naranja amarga y beta-cariofileno, pimentado y amaderado. El contraste está por tanto escrito en varios puntos de la fórmula y no concentrado en una materia única, lo que explica que siga siendo legible bajo un acorde de bayas tan marcado.