Chipre
Edmond Roudnitska
Si algunas profesiones se manifiestan como vocaciones desde la más temprana edad, en ocasiones la pasión por un oficio es fruto del azar. Así, fue el destino el que condujo a Edmond Roudnitska hacia la perfumería. Un recorrido por la trayectoria de este especialista de los olores del siglo XX.
El destino inesperado de Edmond Roudnitska
Aunque Edmond Roudnitska nació en Niza en 1905, es decir no lejos de la ciudad de Grasse, capital mundial de la perfumería desde el siglo XVI, no mostró de entrada un deseo particular de convertirse en perfumista. En realidad, fue más bien el azar de la existencia lo que lo llevó, tras sus estudios, a realizar un viaje lejano a islas tropicales. Las plantas que allí crecían lo fascinaron y así fue como, a su regreso, se incorporó a un laboratorio de análisis en una gran casa grasense especializada en materias primas. Allí aprendió química, se familiarizó con los distintos olores y se apropió de sus orígenes. Mostró entonces una aplicación fuera de lo común, de modo que progresó a una velocidad fenomenal. Su curiosidad y su perspicacia hicieron que se le notara rápidamente y así fue como se le propuso un puesto de perfumista en la región parisina. Aceptó el puesto y pasó tres meses siguiendo las recomendaciones de un perfumista sénior que le enseñó enormemente sobre el oficio. Esto lo reafirmó en la exploración de esta nueva pasión y lo condujo hacia una mayor autonomía. Se convirtió entonces en perfumista de pleno derecho.
La curiosidad sin fisuras de Edmond Roudnitska
Paralelamente a su oficio, Edmond Roudnitska también se apasionaba por las lecturas filosóficas. Así, asoció rápidamente la perfumería con la cuestión de la belleza y del esteticismo. Se lanzó entonces a la escritura de un libro titulado «L'Esthétique en Question». Este trabajo colosal lo ocupó durante varios años y lo obligó al mismo tiempo a dedicarse a investigaciones muy profundas en materia de perfumería. Después, ya en 1946, fundó, junto con su esposa Thérèse, su propio laboratorio de creación llamado «Art et Parfum», una empresa que decidió instalar en Cabris, cerca de Grasse. Apasionado del arte en general, se rodeó de un amplio círculo de amigos artistas. Esto no hizo sino aumentar su desbordante creatividad. Asimismo, a lo largo de los años 1950 y 1960, realizó numerosos viajes y de ellos trajo múltiples materias primas. Fue precisamente en esa época cuando su talento de perfumista estalló literalmente.
Edmond Roudnitska compuso así numerosas obras maestras. Entre otras, es el padre de los perfumes Diorissimo de 1956 o de Eau Sauvage de 1966. El final de su carrera, por su parte, se dedicó a compartir con jóvenes perfumistas en formación. Preocupado por la transmisión, supo insuflar su pasión a su hijo, Michel Roudnitska. Este es también creador de perfumes y ha tomado su sucesión, dedicándose además a introducir la olfacción en numerosos espectáculos.
Las creaciones de Edmond Roudnitska
Chipre
Floral
Chipre
Floral
Chipre
Cítrica
Cítrica
Floral