
London pour Homme aparece en septiembre de 2006, unos meses después de la versión femenina, bajo licencia de Inter Parfums. Antoine Maisondieu lo compone en Givaudan en torno a un acorde de cuero que él relaciona con los clubes ingleses. Bergamota y pimienta negra abren, la lavanda y las hojas de canela calientan la entrada, el tabaco, la madera de guayaco y el opopónax sostienen el fondo. La casa lo clasifica como amaderado ambarado; los aficionados, por su parte, sienten diciembre.
La casa clasifica London pour Homme entre los amaderados ambarados. Maisondieu cuenta haber partido de un acorde de cuero lujoso, elegido por lo que evoca de los clubes londinenses, y haber buscado encerrar la casa entera en un frasco.
El cuero antes que todo lo demás
El cuero ocupa el corazón y sirve de eje. No adopta el giro animal de los cueros de vieja escuela: los orígenes lo describen liso, algo gastado, más cercano al cuero de un sillón que al de una talabartería.
La flor de mimosa lo acompaña y lo saca de su rigidez. Su faceta empolvada y solar sostiene la parte floral que varios lectores franceses señalan, junto a la lavanda, sin por ello situarlo entre los florales.
El vino de Oporto, ausente de la mayoría de los inventarios
La casa nombra un tercer elemento en el corazón del perfume, el vino de Oporto. La lista de notas más copiada en internet lo ignora, como ignora la pimienta negra: nueve notas sustituyen ahí a las once del comunicado original.
Dos lecturas independientes llegan sin embargo a esa misma idea sin tener la lista. Una reseña de octubre de 2006 describe frutos rojos confitados y una copa de vino caliente frente a un fuego de leña; una lectora francesa reconoce una familiaridad que no sabía nombrar.
No figura sin embargo entre las notas listadas aquí: ninguna materia del repertorio le corresponde, y nada se ha puesto en su lugar. El nombre se escribe porque la casa lo escribe, y porque el fruto que todos describen viene de ahí.
La salida, pimienta y hojas de canela
Bergamota y pimienta negra abren, una fresca y breve, la otra seca y fugaz. El comunicado precisa hojas de canela y no la corteza, distinción que los inventarios en línea borran al escribir simplemente canela.
La lavanda aporta la tercera voz de esta entrada. Es ella quien da al perfume su fama de corte de barbería, y el plus de gravedad que los lectores más jóvenes le reprochan a veces.
El fondo, tabaco y madera
Las hojas de tabaco dominan el final. Ninguna lectura encuentra ahí el cigarrillo: todas describen un tabaco de pipa aromático, sin azúcar, más cercano a la hoja seca que al humo.
La madera de guayaco aporta su humo seco y algo lácteo, el musgo de roble su amargor verde de sotobosque. Este dúo empuja el cuero hacia lo amaderado y mantiene el tabaco alejado de lo gourmand.
El opopónax cierra en balsámico empolvado. Esta goma huele a vainilla dulce y a ámbar, y a ella se debe el velo empolvado que las críticas señalan al final del recorrido.
Tres etiquetas para las mismas notas
Circulan tres etiquetas para las mismas once notas. El comunicado escribe amaderado ambarado, la base más consultada escribe oriental especiado, otra más amaderado especiado. Ninguna se impone y ninguna resulta absurda.
La lavanda aromática asentada sobre un musgo de roble responde a una gramática masculina antigua que estas tres etiquetas dejan de lado. La divergencia recae sobre la etiqueta, nunca sobre las materias, en las que existe un acuerdo completo.