
L’Eau d’Ambre inaugura los perfumes de L’Artisan Parfumeur en 1978, dos años después de la bola de ámbar que dio a conocer a la casa. Cuatro materias la sostienen, y la casa las nombra todas: el benjuí, el ládano, el pachulí y el haba tonka. Ve en ella un perfume oriental, y el relato de las Mil y una noches.
Portia Turbo, en Australian Perfume Junkies, considera L’Eau d’Ambre un ambarado confortable, al que el geranio verde impide caer en el gourmand.
La opinión de Olfastory
Portia Turbo, Australian Perfume Junkies (2012)
La crítica australiana lleva el perfume siete horas y, al caer la tarde, aún percibe un calor ambarado. Le gusta la salida herbácea, casi medicinal, y atribuye al geranio verde y mentolado el mérito de mantener el ámbar y la vainilla lejos del gourmand.
Escucha en él un oriental que evoca la ruta de las especias sin imponerla nunca, y lo sitúa entre los ambarados que se llevan en cualquier ocasión. Es, escribe, el ambarado de quienes no aman el ámbar: sensual antes que sexual, confortable como una prenda conocida.