Floral
Mathieu Nardin
Mathieu Nardin, perfumista de padre a hijo. Si algunos perfumistas llegan a esta vía por amor a los olores o casi por casualidad, hay que reconocer que no es la mayoría de los casos. Muy a menudo, esta pasión por la perfumería se transmite de generación en generación. Así, la cuenca de la ciudad de Grasse ha visto nacer a un buen número de perfumistas. Hay que decir que esta ciudad provenzal está considerada la capital de la perfumería desde el siglo XVI. El conocimiento de las plantas y los olores se transmite de padre a hijo, y precisamente en ese entorno se ha criado Mathieu Nardin durante toda su infancia.
Mathieu Nardin, un niño de la perfumería
Mathieu Nardin no destaca por la originalidad, y presenta una trayectoria bastante convencional. Originario de Grasse, se crió muy pronto en el universo del perfume, y orientarse hacia este oficio era para él una evidencia. Se educó en una familia de perfumistas, lo que desarrolló muy rápidamente su creatividad y su sentido del olfato. Confiesa además que sus primeros recuerdos olfativos son los del jazmín fresco y embriagador de las primeras luces de las mañanas de verano. Sus abuelos lo llevaban regularmente a recoger flores cuando era niño. Le gustaba pasear por los campos de rosas, y así adquirió un profundo respeto por las mejores materias primas. Su hermano mayor también es perfumista. Juntos siguieron una trayectoria escolar íntimamente ligada a este universo. La primera experiencia profesional de Mathieu Nardin dentro de una perfumería se remonta a los 13 años, cuando realizó unas prácticas en Robertet. Tras obtener un bachillerato en química, ingresó en la escuela de perfumería más prestigiosa del mundo: el ISIPCA de Versalles. Realizó su formación en régimen de alternancia en Robertet, empresa en la que sigue trabajando hoy en día.
Mathieu Nardin, un enamorado de las fragancias especiadas
Mathieu Nardin es un perfumista al que le gusta explorar múltiples universos. Como muchas personas de su edad, siente pasión por los viajes al extranjero, y de ellos extrae una inspiración inagotable. Durante sus exploraciones, pasa la mayor parte de su tiempo concentrado en los olores que lo rodean. Para él, el olfato está hábilmente ligado al recuerdo y a las imágenes. Trabaja en él de forma constante, y aporta así una parte de su personalidad y de su historia en cada una de sus composiciones. En este sentido, aunque le gusta trabajar una multitud de olores diferentes, Mathieu Nardin confiesa que le encanta especialmente el incienso y el ládano, dos materias primas a la vez muy ricas y complejas. Perfumista particularmente prolífico, Mathieu Nardin trabaja sin descanso en varios proyectos a la vez. En efecto, a menudo le gusta dejar de lado un perfume para volver a él más tarde, tras haber tomado distancia. Es entonces cuando explora lo mejor de su creatividad. Deja que las notas maceren y luego vuelve a ellas con el olfato más fresco. Este personaje muy polifacético todavía no ha terminado de sorprender, y parece que ya se le presenta un futuro rico en creaciones.
Las creaciones de Mathieu Nardin
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