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Germaine Cellier

La perfumería se ha desarrollado considerablemente en los últimos años. Sin embargo, esta sigue siendo un arte ancestral que nos ha legado una herencia colosal. Así, si algunos perfumes del siglo pasado todavía ocupan nuestras estanterías, es esencial no olvidar a sus creadores. Entre estos últimos, Germaine Cellier sigue siendo una de las figuras más destacadas de la posguerra. Personaje extravagante, esta permaneció especialmente célebre en Estados Unidos. Entonces, ¿quién se esconde realmente detrás de la actitud provocadora de Germaine Cellier?

Los inicios de Germaine Cellier

Germaine Cellier extrae incuestionablemente su carácter y su amor por la perfumería de sus orígenes familiares. En efecto, debe su lado creativo y algo extravagante a su padre, Georges, un hombre polifacético, algo bohemio y que amaba por encima de todo la fiesta. Su madre, por su parte, fue herborista. Tras ser interna en una escuela religiosa, en Gironda, Germaine Cellier se trasladó a París, a finales de los años 20, para estudiar química. Una vez obtenido su diploma, fue contratada, en 1930, como química por la empresa francesa Roure. No obstante, este inicio de carrera se vio ralentizado por la Segunda Guerra Mundial. Su renombre llegó algún tiempo después, en los años 40. Fue entonces cuando Germaine Cellier conoció a Robert Piguet, antiguo modisto de Paul Poiret que había lanzado recientemente su propia marca. Este quería entonces encarnar la renovación de Francia a través de sus creaciones. Se asoció con Germaine Cellier para lanzar su primer perfume. Fue así como la creadora confeccionó para él, en 1944, una fragancia llamada Bandit. Así comenzó su nombre a hacerse un lugar en el universo de los perfumes.

La notoriedad faraónica de Germaine Cellier

En aquella época, las mujeres no estaban muy presentes en el universo de la perfumería. Sin embargo, esto no desanimó a Germaine Cellier. Desde 1945, esta confeccionó el célebre perfume Vent Vert para Balmain. Cargado de audacia, este se atrevía a introducir hasta un 8 % de gálbano en su composición, algo nunca visto. A partir de entonces, los éxitos se sucedieron. En 1946, Germaine Cellier confeccionó Cœur Joie para Nina Ricci, un perfume que se convirtió en un imprescindible y se vendía en un frasco de cristal elaborado por la casa Lalique. En 1947, Germaine Cellier colaboró de nuevo con Balmain creando el perfume Élysées 64-83. Asimismo, en 1948, se dirigió de nuevo a Robert Piguet y creó Fracas, un perfume de éxito inigualado en Estados Unidos. A partir de entonces, Germaine Cellier fue considerada una de las perfumistas más contemporáneas y vanguardistas de su época. Su fragancia fue literalmente idolatrada por los nombres más grandes del planeta, como Marc Jacobs, Isabelle Huppert, Jerry Hall, Sofia Coppola, Courtney Love, entre otros. Así, tras impulsar su carrera, Germaine Cellier decidió abrir su propio laboratorio, entre los años 1950 y 1961, en Neuilly-sur-Seine. Fue precisamente en ese lugar donde elaboró el célebre perfume Jolie Madame para Balmain. Además, repitió la experiencia firmando el icónico Monsieur Balmain, en 1964.

Fallecida en 1976, Germaine Cellier deja tras de sí un rico patrimonio olfativo. Además, como si estas fórmulas le hubieran sobrevivido, Fracas y Bandit fueron relanzados al mercado, en 1999, con una fórmula completamente nueva. Las creaciones de Germaine Cellier parecen intemporales para siempre. Además, la notoriedad de esta creadora al otro lado del Atlántico parece haber permanecido absolutamente intacta, como si esta hubiera nacido para no apagarse jamás…

Las creaciones de Germaine Cellier