
El perfume es un producto cotidiano que puede tener múltiples funciones. Este tiene, para muchos, la vocación de seducir. Otros, en cambio, ven en él la ocasión de sumergirse de nuevo en sus recuerdos de infancia.
El cardamomo, especiado y fresco, y la bergamota, afrutada y dulce, ocupan la salida. La especia de uno se encuentra con el azúcar de la otra, sobre un fondo común de frescura.
La rosa, melosa y cálida, se reúne en el corazón con la fresia, luminosa y jazminada. La calidez melosa de la rosa y la fresia luminosa componen dos facetas florales distintas.
El elemí, cítrico y anaranjado, los almizcles blancos, cobrizos y animales, y la madera de guayaco, ahumada y balsámica, se despliegan en el fondo. Elemí y madera de guayaco se cruzan entre el cítrico y el humo, mientras los almizcles blancos introducen su nota animal.